El amigo fiel

¬† Una ma√Īana, la vieja rata de agua sac√≥ la cabeza por su agujero. Ten√≠a unos ojos redondos muy vivarachos y unos tupidos bigotes grises. Su cola parec√≠a un largo el√°stico negro.

Última actualización el 2021-07-28 / Enlaces de afiliados / Imágenes de la API para Afiliados

el-amigo-fiel

     Unos patitos nadaban en el estanque semejantes a una bandada de canarios amarillos, y su madre, toda blanca con patas rojas, esforz√°base en ense√Īarles a hundir la cabeza en el agua.

     -No podr√©is ir nunca a la buena sociedad si no aprend√©is a meter la cabeza -les dec√≠a.

     Y les ense√Īaba de nuevo c√≥mo ten√≠an que hacerlo. Pero los patitos no prestaban ninguna atenci√≥n a sus lecciones. Eran tan j√≥venes que no sab√≠an las ventajas que reporta la vida de sociedad.

     -¬°Qu√© criaturas m√°s desobedientes! -exclam√≥ la rata de agua- ¬°Merec√≠an ahogarse verdaderamente!

     -¬°No lo quiera Dios! -replic√≥ la pata-. Todo tiene sus comienzos y nunca es demasiada la paciencia de los padres.

     -¬°Ah! No tengo la menor idea de los sentimientos paternos -dijo la rata de agua- No soy padre de familia. Jam√°s me he casado, ni he pensado en hacerlo. Indudablemente el amor es una buena cosa a su manera; pero la amistad vale m√°s. Le aseguro que no conozco en el mundo nada m√°s noble o m√°s raro que una fiel amistad.

     -Y, digame, se lo ruego, ¬Ņqu√© idea se forma usted de los deberes de un amigo fiel? -pregunt√≥ un pardillo verde que hab√≠a escuchado la conversaci√≥n posado sobre un sauce retorcido.

     -S√≠, eso es precisamente lo que quisiera yo saber -dijo la pata, y nadando hacia el extremo del estanque, hundi√≥ su cabeza en el agua para dar buen ejemplo a sus hijos.

     -¬°Necia pregunta! -grit√≥ la rata de agua-. ¬°Como es natural, entiendo por amigo fiel al que me demuestra fidelidad!

     -¬ŅY qu√© har√° usted en cambio? -dijo la avecilla columpi√°ndose sobre una ramita plateada y moviendo sus alitas.

     -No le comprendo a usted -respondi√≥ la rata de agua.

     -Permitidme que les cuente una historia sobre el asunto -dijo el pardillo.

     -¬ŅSe refiere a m√≠ esa historia? -pregunt√≥ la rata de agua- Si es as√≠, la escuchar√© gustosa, porque a m√≠ me vuelven loca los cuentos.

     -Puede aplicarse a usted -respondi√≥ el pardillo.

     Y abriendo las alas, se pos√≥ en la orilla del estanque y cont√≥ la historia del amigo fiel.

     -Hab√≠a una vez -empez√≥ el pardillo- un honrado mozo llamado Hans.

     -¬ŅEra un hombre verdaderamente distinguido? -pregunt√≥ la rata de agua.

     -No -respondi√≥ el pardillo-. No creo que fuese nada distinguido, excepto por su buen coraz√≥n y por su redonda cara morena y afable.

     Viv√≠a en una pobre casita de campo y todos los d√≠as trabajaba en su jard√≠n.

     En toda la comarca no hab√≠a jard√≠n tan hermoso como el suyo. Crec√≠an en √©l claveles, alel√≠es, capselas, saxifragas, as√≠ como rosas de Damasco y rosas amarillas, azafranadas, lilas y oro y alel√≠es rojos y blancos.

     Y seg√ļn los meses y por su orden florec√≠an agavanzos y cardaminas, mejoranas y albahacas silvestres, velloritas e iris de Alemania, asfodelos y claveros.

     Una flor sustitu√≠a a otra. Por lo cual hab√≠a siempre cosas bonitas a la vista y olores agradables que respirar.

     El peque√Īo Hans ten√≠a muchos amigos, pero el m√°s allegado a √©l era el gran Hugo, el molinero. Realmente, el rico molinero era tan allegado al peque√Īo Hans, que no visitaba nunca su jard√≠n sin inclinarse sobre los macizos y coger un gran ramo de flores o un buen pu√Īado de lechugas suculentas o sin llenarse los bolsillos de ciruelas y de cerezas, seg√ļn la estaci√≥n.

     -Los amigos verdaderos lo comparten todo entre s√≠ -acostumbraba decir el molinero.

     Y el peque√Īo Hans asent√≠a con la cabeza, sonriente, sinti√©ndose orgulloso de tener un amigo que pensaba tan noblemente.

     Algunas veces, sin embargo, el vecindario encontraba raro que el rico molinero no diese nunca nada en cambio al peque√Īo Hans, aunque tuviera cien sacos de harina almacenados en su molino, seis vacas lecheras y un gran n√ļmero de ganado lanar; pero Hans no se preocup√≥ nunca por semejante cosa.

     Nada le encantaba tanto como o√≠r las bellas cosas que el molinero acostumbraba decir sobre la solidaridad de los verdaderos amigos.

     As√≠, pues, el peque√Īo Hans cultivaba su jard√≠n. En primavera, en verano y en oto√Īo, sent√≠ase muy feliz; pero cuando llegaba el invierno y no ten√≠a ni frutos ni flores que llevar al mercado, padec√≠a mucho fr√≠o y mucha hambre, acost√°ndose con frecuencia sin haber comido m√°s que unas peras secas y algunas nueces rancias.

     Adem√°s, en invierno, encontr√°base muy solo, porque el molinero no iba nunca a verle durante aquella estaci√≥n.

     -No est√° bien que vaya a ver al peque√Īo Hans mientras duren las nieves -dec√≠a muchas veces el molinero a su mujer-. Cuando las personas pasan apuros hay que dejarlas solas y no atormentarlas con visitas. √Čsa es por lo menos mi opini√≥n sobre la amistad, y estoy seguro de que es acertada. Por eso esperar√© la primavera y entonces ir√© a verle; podr√° darme un gran cesto de velloritas y eso le alegrar√°.

     -Eres realmente sol√≠cito con los dem√°s -le respond√≠a su mujer, sentada en un c√≥modo sill√≥n junto a un buen fuego de le√Īa-. Resulta un verdadero placer o√≠rte hablar de la amistad. Estoy segura de que el cura no dir√≠a sobre ella tan bellas cosas como t√ļ, aunque viva en una casa de tres pisos y lleve un anillo de oro en el me√Īique.

     -¬ŅY no podr√≠amos invitar al peque√Īo Hans a venir aqu√≠? -preguntaba el hijo del molinero- Si el pobre Hans pasa apuros, le dar√© la mitad de mi sopa y le ense√Īar√© mis conejos blancos.

     -¬°Qu√© bobo eres! -exclam√≥ el molinero-. Verdaderamente, no s√© para qu√© sirve mandarte a la escuela. Parece que no aprendes nada. Si el peque√Īo Hans viniese aqu√≠, ¬°pardiez!, y viera nuestro buen fuego, nuestra excelente cena y nuestra gran barrica de vino tinto, podr√≠a sentir envidia. Y la envidia es una cosa terrible que estropea los mejores caracteres. Realmente, no podr√≠a yo sufrir que el car√°cter de Hans se estropeara. Soy su mejor amigo, velar√© siempre por √©l y tendr√© buen cuidado de no exponerle a ninguna tentaci√≥n. Adem√°s, si Hans viniese aqu√≠, podr√≠a pedirme que le diese un poco de harina fiada, lo cual no puedo hacer. La harina es una cosa y la amistad es otra, y no deben confundirse. Esas dos palabras se escriben de un modo diferente y significan cosas muy distintas, como todo el mundo sabe.

     -¬°Qu√© bien hablas! -dijo la mujer del molinero sirvi√©ndose un gran vaso de cerveza caliente. Me siento verdaderamente como adormecida, lo mismo que en la iglesia.

     -Muchos obran bien -replic√≥ el molinero-, pero pocos saben hablar bien, lo que prueba que hablar es, con mucho, la cosa m√°s dif√≠cil, as√≠ como la m√°s hermosa de las dos.

     Y mir√≥ severamente por encima de la mesa a su hijo, que sinti√≥ tal verg√ľenza de s√≠ mismo, que baj√≥ la cabeza, se puso casi escarlata y empez√≥ a llorar encima de su t√©.

     ¬°Era tan joven, que bien pueden ustedes dispensarle!

     -¬Ņ√Čse es el final de la historia? -pregunt√≥ la rata de agua.

     -Nada de eso -contest√≥ el pardillo-. √Čse es el comienzo.

     -Entonces est√° usted muy atrasado con relaci√≥n a su tiempo -repuso la rata de agua- Hoy d√≠a todo buen cuentista empieza por el final, prosigue por el comienzo y termina por la mitad. Es el nuevo m√©todo. Lo he o√≠do as√≠ de labios de un cr√≠tico que se paseaba alrededor del estanque con un joven. Trataba el asunto magistralmente y estoy segura de que ten√≠a raz√≥n, porque llevaba unas gafas azules y era calvo; y cuando el joven le hac√≠a alguna observaci√≥n contestaba siempre: ¬ę¬°Ps√©!¬Ľ Pero contin√ļe usted su historia, se lo ruego. Me agrada mucho el molinero. Yo tambi√©n encierro toda clase de bellos sentimientos: por eso hay una gran simpat√≠a entre √©l y yo.

     -¬°Bien! -dijo el pardillo brincando sobre sus dos patitas-. No bien pas√≥ el invierno, en cuanto las velloritas empezaron a abrir sus estrellas amarillas p√°lidas, el molinero dijo a su mujer que iba a salir y visitar al peque√Īo Hans.

     -¬°Ah, qu√© buen coraz√≥n tienes! -le grit√≥ su mujer-. Piensas siempre en los dem√°s. No te olvides de llevar el cesto grande para traer las flores.

     Entonces el molinero at√≥ unas con otras las aspas del molino con una fuerte cadena de hierro y baj√≥ la colina con la cesta al brazo.

     -Buenos d√≠as, peque√Īo Hans -dijo el molinero.

     -Buenos d√≠as -contest√≥ Hans, apoy√°ndose en su azad√≥n y sonriendo con toda su boca.

     -¬ŅC√≥mo has pasado el invierno? -pregunt√≥ el molinero.

     -¬°Bien, bien! -repuso Hans- Muchas gracias por tu inter√©s. He pasado mis malos ratos, pero ahora ha vuelto la primavera y me siento casi feliz… Adem√°s, mis flores van muy bien.

     -Hemos hablado de ti con mucha frecuencia este invierno, Hans -prosigui√≥ el molinero-, pregunt√°ndonos qu√© ser√≠a de ti.

     -¬°Qu√© amable eres! -dijo Hans-. Tem√≠ que me hubieras olvidado.

     -Hans, me sorprende o√≠rte hablar de ese modo -dijo el molinero-. La amistad no olvida nunca. Eso es lo que tiene de admirable, aunque me temo que no comprendas la poes√≠a de la amistad… Y entre par√©ntesis, ¬°qu√© bellas est√°n tus velloritas!

     -S√≠, verdaderamente est√°n muy bellas -dijo Hans-, y es para m√≠ una gran suerte tener tantas. Voy a llevarlas al mercado, donde las vender√© a la hija del burgomaestre y con ese dinero comprar√© otra vez mi carretilla.

     -¬ŅQu√© comprar√°s otra vez tu carretilla? ¬ŅQuieres decir entonces que la has vendido? Es un acto bien necio.

     -Con toda seguridad, pero el hecho es -replic√≥ Hans- que me vi obligado a ello. Como sabes, el invierno es una estaci√≥n mala para m√≠ y no ten√≠a ning√ļn dinero para comprar pan. As√≠ es que vend√≠ primero los botones de plata de mi traje de los domingos; luego vend√≠ mi cadena de plata y despu√©s mi flauta. Por √ļltimo vend√≠ mi carretilla. Pero ahora voy a rescatarlo todo.

     -Hans -dijo el molinero-, te dar√© mi carretilla. No est√° en muy buen estado. Uno de los lados se ha roto y est√°n algo torcidos los radios de la rueda, pero a pesar de esto te la dar√©. S√© que es muy generoso por mi parte y a mucha gente le parecer√° una locura que me desprenda de ella, pero yo no soy como el resto del mundo. Creo que la generosidad es la esencia de la amistad, y adem√°s, me he comprado una carretilla nueva. S√≠, puedes estar tranquilo… Te dar√© mi carretilla.

     -Gracias, eres muy generoso -dijo el peque√Īo Hans. Y su afable cara redonda resplandeci√≥ de placer-. Puedo arreglarla f√°cilmente porque tengo una tabla en mi casa.

     -¬°Una tabla! -exclam√≥ el molinero-. ¬°Muy bien! Eso es precisamente lo que necesito para la techumbre de mi granero. Hay una gran brecha y se me mojar√° todo el trigo si no la tapo. ¬°Qu√© oportuno has estado! Realmente es de notar que una buena acci√≥n engendra otra siempre. Te he dado mi carretilla y ahora t√ļ vas a darme tu tabla. Claro es que la carretilla vale mucho m√°s que la tabla, pero la amistad sincera no repara nunca en esas cosas. Dame en seguida la tabla y hoy mismo me pondr√© a la obra para arreglar mi granero.

     -¬°Ya lo creo! -replic√≥ el peque√Īo Hans.

     Fue corriendo a su vivienda y sac√≥ la tabla.

     -No es una tabla muy grande -dijo el molinero examin√°ndola- y me temo que una vez hecho el arreglo de la techumbre del granero no quedar√° madera suficiente para el arreglo de la carretilla, pero claro es que no tengo la culpa de eso… Y ahora, en vista de que te he dado mi carretilla, estoy seguro de que acceder√°s a darme en cambio unas flores… Aqu√≠ tienes el cesto; procura llenarlo casi por completo.

     -¬ŅCasi por completo? -dijo el peque√Īo Hans, bastante afligido porque el cesto era de grandes dimensiones y comprend√≠a que si lo llenaba, no tendr√≠a ya flores para llevar al mercado y estaba deseando rescatar sus botones de plata.

     -A fe m√≠a -respondi√≥ el molinero-, una vez que te doy mi carretilla no cre√≠ que fuese mucho pedirte unas cuantas flores.      Podr√© estar equivocado, pero yo me figur√© que la amistad, la verdadera amistad, estaba exenta de toda clase de ego√≠smo.

     -Mi querido amigo, mi mejor amigo -protest√≥ el peque√Īo Hans-, todas las flores de mi jard√≠n est√°n a tu disposici√≥n, porque me importa mucho m√°s tu estimaci√≥n que mis botones de plata.

     Y corri√≥ a coger las lindas velloritas y a llenar el cesto del molinero.

     -¬°Adi√≥s, peque√Īo Hans! -dijo el molinero subiendo de nuevo la colina con su tabla al hombro y su gran cesto al brazo.

     -¬°Adi√≥s! -dijo el peque√Īo Hans.

     Y se puso a cavar alegremente: ¬°estaba tan contento de tener una carretilla!

     A la ma√Īana siguiente, cuando estaba sujetando unas madreselvas sobre su puerta, oy√≥ la voz del molinero que le llamaba desde el camino. Entonces salt√≥ de su escalera y corriendo al final del jard√≠n mir√≥ por encima del muro.

     Era el molinero con un gran saco de harina a su espalda.

     -Peque√Īo Hans -dijo el molinero-, ¬Ņquerr√≠as llevarme este saco de harina al mercado?

     -¬°Oh, lo siento mucho! -dijo Hans-; pero verdaderamente me encuentro hoy ocupad√≠simo. Tengo que sujetar todas mis enredaderas, que regar todas mis flores y que segar todo el c√©sped.

     -¬°Pardiez! -replic√≥ el molinero-; cre√≠ que en consideraci√≥n a que te he dado mi carretilla no te negar√≠as a complacerme.

     -¬°Oh, si no me niego! -protest√≥ el peque√Īo Hans-. Por nada del mundo dejar√≠a yo de obrar como amigo trat√°ndose de ti.

     Y fue a coger su gorra y parti√≥ con el gran saco sobre el hombro.

     Era un d√≠a muy caluroso y la carretera estaba terriblemente polvorienta. Antes de que Hans llegara al moj√≥n que marcaba la sexta milla, hall√°base tan fatigado que tuvo que sentarse a descansar. Sin embargo, no tard√≥ mucho en continuar animosamente su camino, llegando por fin al mercado.

     Despu√©s de esperar un rato, vendi√≥ el saco de harina a un buen precio y regres√≥ a su casa de un tir√≥n, porque tem√≠a encontrarse a alg√ļn salteador en el camino si se retrasaba mucho.

     -¬°Qu√© d√≠a m√°s duro! -se dijo Hans al meterse en la cama- Pero me alegra mucho no haberme negado, porque el molinero es mi mejor amigo y, adem√°s, va a darme su carretilla.

     A la ma√Īana siguiente, muy temprano, el molinero lleg√≥ por el dinero de su saco de harina, pero el peque√Īo Hans estaba tan rendido, que no se hab√≠a levantado a√ļn de la cama.

     -¬°Palabra! -exclam√≥ el molinero-. Eres muy perezoso. Cuando pienso que acabo de darte mi carretilla, creo que podr√≠as trabajar con m√°s ardor. La pereza es un gran vicio y no quisiera yo que ninguno de mis amigos fuera perezoso o ap√°tico. No creas que te hablo sin miramientos. Claro es que no te hablar√≠a as√≠ si no fuese amigo tuyo. Pero, ¬Ņde qu√© servir√≠a la amistad sino pudiera uno decir claramente lo que piensa? Todo el mundo puede decir cosas amables y esforzarse en ser agradable y en halagar, pero un amigo sincero dice cosas molestas y no teme causar pesadumbre. Por el contrario, si es un amigo verdadero, lo prefiere, porque sabe que as√≠ hace bien.

     -Lo siento mucho -respondi√≥ el peque√Īo Hans, restreg√°ndose los ojos y quit√°ndose el gorro de dormir-. Pero estaba tan rendido, que cre√≠a haberme acostado hace poco y escuchaba cantar a los p√°jaros. ¬ŅNo sabes que trabajo siempre mejor cuando he o√≠do cantar a los p√°jaros?

     -¬°Bueno, tanto mejor! -replic√≥ el molinero d√°ndole una palmada en el hombro-; porque necesito que arregles la techumbre de mi granero.

     El peque√Īo Hans ten√≠a gran necesidad de ir a trabajar a su jard√≠n porque hac√≠a dos d√≠as que no regaba sus flores, pero no quiso decir que no al molinero, que era un buen amigo para √©l.

     -¬ŅCrees que no ser√≠a amistoso decirte que tengo que hacer? -pregunt√≥ con voz humilde y t√≠mida.

     -No cre√≠ nunca, a fe m√≠a -contest√≥ el molinero-, que fuese mucho pedirte, teniendo en cuenta que acabo de regalarte mi carretilla, pero claro es que lo har√© yo mismo si te niegas.

     -¬°Oh, de ning√ļn modo! -exclam√≥ el peque√Īo Hans, saltando de su cama.

     Se visti√≥ y fue al granero.

     Trabaj√≥ all√≠ durante todo el d√≠a hasta el anochecer, y al ponerse el sol, vino el molinero a ver hasta d√≥nde hab√≠a llegado.

     -¬ŅHas tapado el boquete del techo, peque√Īo Hans? -grit√≥ el molinero con tono alegre.

     -Est√° casi terminado -respondi√≥ Hans, bajando de la, escalera.

     -¬°Ah! -dijo el molinero- No hay trabajo tan delicioso como el que se hace por otro.

     -¬°Es un encanto o√≠rte hablar! -respondi√≥ el peque√Īo Hans, que descansaba sec√°ndose la frente- Es un encanto, pero temo no tener yo nunca ideas tan hermosas como t√ļ.

     -¬°Oh, ya las tendr√°s! -dijo el molinero-; pero habr√°s de tomarte m√°s trabajo. Por ahora no posees m√°s que la pr√°ctica de la amistad. Alg√ļn d√≠a poseer√°s tambi√©n la teor√≠a.

     -¬ŅCrees eso de verdad? -pregunt√≥ el peque√Īo Hans.

     -Indudablemente -contest√≥ el molinero-. Pero ahora que has arreglado el techo, mejor har√°s en volverte a tu casa a descansar, pues ma√Īana necesito que lleves mis carneros a la monta√Īa.

     El pobre Hans no se atrevi√≥ a protestar, y al d√≠a siguiente, al amanecer, el molinero condujo sus carneros hasta cerca de su casita y Hans se march√≥ con ellos a la monta√Īa. Entre ir y volver se le fue el d√≠a, y cuando regres√≥ estaba tan cansado, que se durmi√≥ en su silla y no se despert√≥ hasta entrada la ma√Īana.

     -¬°Qu√© tiempo m√°s delicioso tendr√° mi jard√≠n! -se dijo, e iba a ponerse a trabajar; pero por un motivo u otro no tuvo tiempo de echar un vistazo a sus flores; llegaba su amigo el molinero y le mandaba muy lejos a recados o le ped√≠a que fuese a ayudar en el molino. Algunas veces el peque√Īo Hans se apuraba grandemente al pensar que sus flores creer√≠an que las hab√≠a olvidado; pero se consolaba pensando que el molinero era su mejor amigo.

     -Adem√°s -acostumbraba a decirse- va a darme su carretilla, lo cual es un acto de puro desprendimiento.

     Y el peque√Īo Hans trabajaba para el molinero, y √©ste dec√≠a muchas cosas bellas sobre la amistad, cosas que Hans copiaba en su libro verde y que rele√≠a por la noche, pues era culto.

     Ahora bien; sucedi√≥ que una noche, estando el peque√Īo Hans sentado junto al fuego, dieron un aldabonazo en la puerta.

     La noche era negr√≠sima. El viento soplaba y rug√≠a en torno de la casa de un modo tan terrible, que Hans pens√≥ al principio si ser√≠a el hurac√°n el que sacud√≠a la puerta.

     Pero son√≥ un segundo golpe y despu√©s un tercero m√°s violento que los otros.

     -Ser√° de alg√ļn pobre viajero -se dijo el peque√Īo Hans y corri√≥ a la puerta.

     El molinero estaba en el umbral con una linterna en una mano y un grueso garrote en la otra.

     -Querido Hans -grit√≥ el molinero-, me aflige un gran pesar, mi chico se ha ca√≠do de una escalera, hiri√©ndose. Voy a buscar al m√©dico. Pero vive lejos de aqu√≠ y la noche es tan mala, que he pensado que fueses t√ļ en mi lugar. Ya sabes que te doy mi carretilla. Por eso estar√≠a muy bien que hicieses algo por m√≠ en cambio.

     -Seguramente -exclam√≥ el peque√Īo Hans-; me alegra mucho que se te haya ocurrido venir. Ir√© en seguida. Pero deb√≠as dejarme tu linterna, porque la noche es tan oscura, que temo caer en alguna zanja.

     -Lo siento much√≠simo -respondi√≥ el molinero-,pero es mi linterna nueva y ser√≠a una gran p√©rdida que le ocurriese algo.

     -¬°Bueno, no hablemos m√°s! Me pasar√© sin ella -dijo el peque√Īo Hans.

     Se puso su gran capa de pieles, su gorro encarnado de gran abrigo, se enroll√≥ su tapabocas alrededor del cuello y parti√≥.

     ¬°Qu√© terrible tempestad se desencadenaba!

     La noche era tan negra, que el peque√Īo Hans no ve√≠a apenas, y el viento tan fuerte, que le costaba gran trabajo andar.

     Sin embargo, √©l era muy animoso, y despu√©s de caminar cerca de tres horas, lleg√≥ a casa del m√©dico y llam√≥ a su puerta.

     -¬ŅQui√©n es? -grit√≥ el doctor, asomando la cabeza a la ventana de su habitaci√≥n.

     -¬°El peque√Īo Hans, doctor!

     -¬ŅY qu√© deseas, peque√Īo Hans?

     -El hijo del molinero se ha ca√≠do de una escalera y se ha herido y es necesario que vaya usted en seguida.

     -¬°Muy bien! -replic√≥ el doctor.

     Enjaez√≥ en el acto su caballo, se calz√≥ sus grandes botas, y, cogiendo su linterna, baj√≥ la escalera. Se dirigi√≥ a casa del molinero, llevando al peque√Īo Hans a pie, detr√°s de √©l.

     Pero la tormenta arreci√≥. Llov√≠a a torrentes y el peque√Īo Hans no pod√≠a ni ver por d√≥nde iba, ni seguir al caballo.

     Finalmente, perdi√≥ su camino, estuvo vagando por el p√°ramo, que era un paraje peligroso lleno de hoyos profundos, cay√≥ en tino de ellos el pobre Hans y se ahog√≥.

     A la ma√Īana siguiente, unos pastores encontraron su cuerpo flotando en una gran charca y le llevaron a su casita.

     Todo el mundo asisti√≥ al entierro del peque√Īo Hans porque era muy querido. Y el molinero figur√≥ a la cabeza del duelo.

     -Era yo su mejor amigo -dec√≠a el molinero-; justo es que ocupe el sitio de honor.

     As√≠ es que fue a la cabeza del cortejo con una larga capa negra; de cuando en cuando se enjugaba los ojos con un gran pa√Īuelo de hierbas.

     -El peque√Īo Hans representa ciertamente una gran p√©rdida para todos nosotros -dijo el hojalatero una vez terminados los funerales y cuando el acompa√Īamiento estuvo c√≥modamente instalado en la posada, bebiendo vino dulce y comiendo buenos pasteles.

     -Es una gran p√©rdida, sobre todo para m√≠ -contest√≥ el molinero-. A fe m√≠a que fui lo bastante bueno para comprometerme a darle mi carretilla y ahora no se qu√© hacer de ella. Me estorba en casa, y est√° en tal mal estado, que si la vendiera no sacar√≠a nada. Os aseguro que de aqu√≠ en adelante no dar√© nada a nadie. Se pagan siempre las consecuencias de haber sido generoso.

     -Y es verdad -replic√≥ la rata de agua despu√©s de una larga pausa.

     -¬°Bueno! Pues nada m√°s -dijo el pardillo.

     -¬ŅY qu√© fue del molinero? -dijo la rata de agua.

     -¬°Oh! No lo s√© a punto fijo -contesto el pardillo y verdaderamente me da igual.

     -Es evidente que su car√°cter de usted no es nada simp√°tico -dijo la rata de agua.

     -Temo que no haya usted comprendido la moraleja de la historia -replic√≥ el pardillo.

     -¬ŅLa qu√©? -grit√≥ la rata de agua.

     -La moraleja.

     -¬ŅQuiere eso decir que la historia tiene una moraleja?

     -¬°Claro que s√≠! -afirm√≥ el pardillo.

     -¬°Caramba! -dijo la rata con tono iracundo- Pod√≠a usted hab√©rmelo dicho antes de empezar. De ser as√≠ no le hubiera escuchado, con toda seguridad. Le hubiese dicho indudablemente: ¬ę¬°Ps√©!¬Ľ, como el cr√≠tico. Pero aun estoy a tiempo de hacerlo.

     Grit√≥ su ¬ę¬°Ps√©!¬Ľ a toda voz, y dando un coletazo, se volvi√≥ a su agujero.

     -¬ŅQu√© le parece a usted la rata de agua? -pregunt√≥ la pata, que lleg√≥ chapoteando algunos minutos despu√©s- Tiene muchas buenas cualidades, pero yo, por mi parte, tengo sentimientos de madre y no puedo ver a un solter√≥n empedernido sin que se me salten las l√°grimas.

     -Temo haberle molestado -respondi√≥ el pardillo-. El hecho es que le he contado una historia que tiene su moraleja.

     -¬°Ah, eso es siempre una cosa peligros√≠sima! -dijo la pata.

     -Y yo comparto su opini√≥n por completo.


FIN